La Palabra I

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La Palabra I

Mensaje  Invitado el Mar Mar 26, 2013 4:50 am

Las calles de Thalis nunca me habían dado la bienvenida, y tampoco nunca me habían gustado... pero aquella noche había encontrado a un grupo de mis hermanos, seguidores del Séptimo, en una de las zonas más frecuentadas de la ciudad... aquello me llenó de felicidad, pues finalmente estaban saliendo de su escondite los viejos seguidores y nacían los nuevos...

No encontré sangrefría, ninguno de los míos aún, pero mi corazón apartaba aquel dolor permanente para alegrarse por aquellos hermanos, aunque no fuesen de mi raza...

Había muchos jóvenes en aquel grupo, y sabía que ellos eran la esperanza de los nuestros, de nuestras ideas... por eso decidí que el discurso de aquel día iría dirigido a ellos, y a nadie más que a ellos, porque ellos son y serán el futuro de los hijos del Séptimo... y tienen que saberlo...

-El tiempo de los Seis se acaba... ¿Quién lo dice? No lo decimos sus hijos perdidos, que lo sabemos en silencio. Lo dicen los susurros de la noche, las miradas de los antiguos seguidores de la luz... El mismo vuelo de las aves en el cielo anuncia la llegada de algo nuevo y, a la vez, antiguo. El Séptimo es oscuro y brillante, es prmigenio, y por eso el anuncio de su presencia, la cercanía de su llegada nos afectan tanto y de tantas maneras en nuestra vida...

¿Qué seríamos sin los dioses? Nada. El inicio de la vida se lo debemos a los Seis, por mucho que nos pese... pero nada más que aquella chispa fue lo que prendieron. Nosotros avivamos el fuego contra el viento y las tempestades, nosotros mantuvimos las llamas con vida... Porque ellos nos abandonaron en esta tierra a nuestra merced, y fue el espíritu de la gran serpiente quien se convirtió en nuestra madre. Y fue el Oscuro nuestro padre... porque de la misma forma que nunca veréis una serpiente abandonar su nido, nunca veréis a nuestro padre abandonarnos a nosotros.

Él no es un reflejo de los Seis, como muchos os habrán dicho... no es una sombra de los primeros dioses. Él representa todo aquello que los otros no alcanzaron jamás: la libertad que nos proporciona la oscuridad, la fuerza de las sombras, la Verdad de estar siempre junto al alma de sus hijos y seguidores...

Porque en el alma, hermanos... en cualquier alma, hay oscuridad. Y el único capaz de comprender esa oscuridad, y de darle forma, es el Séptimo. Muchos creen que la conocen, y tal vez algunos lleguen a conocerla, quién sabe... pero nunca, jamás podrá llegar nadie a comprenderla en su máxima gloria, ni aspirar a dominar su esencia. Esta incapacidad ha hecho que los Seis y sus hijos hayan odiado la oscuridad y la hayan temido desde siempre. Por eso están contra nosotros... nos envidian, nos temen, y a la vez tienen miedo de envidiarnos. Pero es tan cierto que la única forma de negarlo es volviéndose contra nosotros, y eso han hecho durante años, décadas y siglos...

Y ahora, por fin, llega nuestro tiempo... veros, jóvenes, siguiendo el camino de nuestro señor, persiguiendo la sabiduría y la fuerza de la oscuridad, me llena de felicidad y orgullo. Es una de las grandes cosas que hacen que merezca la pena seguir vistiendo nuestra fe en este mundo como un blasón, y no como una mancha. Usadla siempre como espada, antes que como escudo, y nunca como adorno. Debéis ser sabios, y los que os superamos en años hemos de veros crecer y ser mejores que nosotros. Este mundo y esta fe pronto dejarán de ser nuestros y estarán en vuestras manos... en parte ya lo están ahora. Es vuestro deber y vuestro destino ser los dignos sucesores de este legado ancestral.

Que la oscuridad os acoja, que os guíe... que encontréis la voluntad para labrar vuestro camino con veneno y sangre de vuestros enemigos, y que vuestros siervos esculpan vuestro nombre en oro con fuego y cincel, mientras los poetas lo hacen con palabras. Sabéis que el Séptimo siempre está junto a nosotros, y no queda lejos el tiempo en que escogía elegidos entre los mejores de los suyos... Es razón suficiente para luchar por servir bien a nuestra causa... y sé que lo haréis.

Confío en vosotros, muchachos... en vosotros y en otros muchos como vosotros, como éramos antes los que os precedemos. Nuestro momento aún no ha llegado del todo... tendréis que ayudar a traerlo, y tendréis que luchar y aguantar, ah, sí... Tendréis que batallar contra un mundo entero que está en vuestra contra por culpa de la fe. Nunca menospreciéis a vuestros hermanos perdidos. El culto a los Seis es poderoso...

Creedme cuando os digo que en verdad, en vuestras manos y vuestras mentes reposa el destino de los nuestros y, por ende, el de todo Idhún. Nos alzaremos de nuevo. Podemos traer la prosperidad a todas las tierras de este mundo bajo la Palabra del Séptimo. Erradicaremos a los hijos de los Seis y todo será nuestro; la tierra prometida será nuestro reino anhelado por siglos. Es nuestro destino llegar a la cima y permanecer allí... es lo que quieren el cielo y los animales, las plantas y los elementos. Es lo que está escrito en el libro de la vida y de las eras... "los hijos oscuros se harán fuertes de nuevo".

No debéis echaros atrás, ni tener miedo... la muerte y el dolor son precios que ya hemos pagado, y ahora sólo resta derrotarlos y vencer. No queda una gota de sangre en nuestras venas que puedan sacarnos, ¡ya la han derramado toda! No queda una sola lágrima en el pueblo szish, en las gentes del Séptimo, que podamos llorar, ¡ya nos las han arrancado todas a mordiscos! Es nuestro turno ahora... y nuestros colmillos, hermanos...
...tienen veneno.
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