Dia a Dia

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Mensaje  Invitado el Jue Mar 14, 2013 1:00 pm

Pasé la mayor parte del dia en la playa, sentado, mirando el horizonte bañado por el mar e intentando vislumbrar más allá.
Siempre miraba a lo lejos pensando en las tierras que había más allá del mar, las posibilidades que eso ofrecía, las aventuras que podía vivir. Había estado en un gran número de lugares idhunitas y sabía perfectamente que al otro lado de las aguas se encontraba Nanetten, Sanda y Dart.
Quizás algún dia volvería a caminar por esos lugares, pero por ahora volvería a su humilde morada semiderruida a envolverse en su estructurada y serena mente.

La oscuridad ya se había apoderado de Tares y yo caminaba por las calles del pequeño asentamiento portuario. Las noches en Tares eran totalmente diferente a las de cualquier ciudad o poblado en todo idhun. Los piratas armaban una auténtica fiesta donde la violencia y las bebidas hacían acto de presencia desde que caía la noche.
Realmente yo disfrutaba con el espectáculo que algunos de esos piratas montaban, además, siempre me ha gustado el contraste del fuego de las antorchas con la brisa marina, asíque disfrutaba caminando entre aquellas escenas, pero siempre sin pertenecer a ellas, indiferente como quien mira un espectáculo al pasar.
No obstante, en esa ocasión hubo algo que me llamó la atención. Un gran revuelo llegaba de una especie de taberna de la cual salían gritos al unísono, risas, lamentaciones y golpes.
Me acerqué sin demasiada prisa, símplemente analizando el lugar y la gente que entraba y salía de allí. Pasé por la puerta y un olor a sudor y sangre me chocó contra la cara. Era una taberna de lo más normal en principio, había unas cuantas mesas ocupadas por piratas bebiendo, una barra con un camarero Szhis observando a quien entra. En el momento que se percató de que yo entraba, el szhis agachó la cabeza percibiendo mi ser Shek. Como he dicho, parecía un lugar normal, normal, excepto por el fondo, donde se encontraba una puerta guardada por un alto y fornido pirata de facciones grotescas y el cuerpo repleto de tatuajes.
Me fijé que todo el que pasaba le daba una cantida de monedas al portero; Unos daban cinco monedas, otros siete, pero curiosamente nunca bajaban de las cinco.
Me acerqué con decisión hacia la puerta, sin mirar al portero que la guardaba, pero cuando me planté frente a ella y alargué la mano para abrirla, el pirata me tocó el hombro con fuerza y preguntó: -¿Dónde crees que vas?. Apuesta mínima cinco monedas-.
No me gusta demasiado que me toquen quien no conozco y menos con ese tono de superioridad sobre mi.
Miré a los ojos a aquel pirata, serio, frío, amenazante y éste pareció enblanquecer ante mi mirada, retiró la mano y sin decir nada miró hacia delante aterrorizado por mi mirada de Shek.
Abrí la puerta y entré.

Al fin comprendí todo el revuelo y ese olor a sudor y sangre.
La sala a la que acababa de entrar era circular, con un nivel inferior que obviamente se abría en la tierra. Todo estaba lleno de balconadas desde las que la gente se asomaba al centro del círculo y el interior de éste dos combatientes se peleaban con todo lo que tenían hasta la muerte.
Había entrado en una casa de apuestas, de peleas clandestinas e inxtintivamente vi una oportunidad.
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Comienza la pelea

Mensaje  Invitado el Sáb Mar 16, 2013 3:55 am

Todo el mundo vitoreaba al último luchador en pie mientras se llevaban el cuerpo ensangrentado sin vida del otro. Me fijé que a la derecha entre la multitud se abría una escalera que bajaba al nivel inferior donde se encontraba más gente alrededor de la zona de combate. Bajé las escaleras con dificultad pues incluso en ellas había gente mirando y gritando por el futuro de sus apuestas.
Al final de las escaleras, contra la pared había una mesa llena de bolsitas y monedas esparcidas por ella. Sentado tras ella un hombre regordete tachaba uno de los muchos nombres que había en un papel, por lo cual deduje que era el del que acababa de morir.
Me fijé que ya había comenzado otro combate entre el que había ganado y otro que se había animado a intentar conseguir unas monedas. Apoyé mis manos sobre la mesa inclinandome mirando al que estaba sentado: -¿cuanto para participar?-
-Nada- Dijo con una sonrisa en los labios. -Solo tu vida en juego-
Miré un segundo a la pelea, nunca he temido un combate, ni he temido por perder la vida en uno de ellos, asíque decidido miré de nuevo al hombre y firmemente asentí.
El hombre preguntó mi nombre y lo apuntó en la lista. Acto seguido me acerqué a ver el combate desde detrás de la gente, analizando a ambos adversarios porque cualquiera podría ser el mio.
No tardó en acabar la pelea, el que había ganado posteriormente era muy hábil y en cuanto encontró la posibilidad agarró a su adversario desde atrás y le partió el cuello. La gente gritó con tal acto, orgullosos por vislumbrar una muerte más y ganar dinero.
Mientras retiraban el cuerpo sin vida del otro un shizs salió al círculo proclamando vencedor una vez más al pirata invicto y anunció el nombre del siguiente contrincante ante tal persona: Ray Lee.

Nadie parecía mostrar el mínimo interés por el poseedor de dicho nombre, asíque me abrí paso entre la gente para entrar en el círculo. Al hacerlo todos me observaron y susurraron ante mi presencia. No sabría definir exáctamente por qué me reaccionaron así, podría haber indagado en sus mentes para saberlo, pero estaba demasiado concentrado y emocionado por el combate, asíque decidí no hacerlo.
El shizs abandonó el círculo y antes de que lo hiciera mi contricante se avalanzó contra mí. Me di cuenta justo antes de que me golpeara su puño y pude esquivarlo apartándome a un lado. Siguió intentándolo y yo nada más que esquivaba ante los fieros ataques.
En un pequeño descuido me alcanzó el estómago y seguidamente la cara. El golpe me empujó contra la gente.
Recuperé la compostura y me fijé como el rival reía complacido por su certero golpe, como si ya viera ganada la pelea. No obstante, obviamente esto no había acabado ni mucho menos.
Avancé hacia él con la mirada fija en sus ojos. No quería pelear con la ventaja de ver su mente, pero aún así pretendía adivinar sus movimientos en el reflejo de su mirada. Lanzó un golpe tras otro, y yo los esquivaba con rapidez y eficacia de un baile planeado.
En un puño recto que lanzó me aparté con la cadera hacia un lado y cogí su brazo por la muñeca. Sin moverlo del sitio lanzé un rodillazo a su estómago que conseguí impactar, tiré de su brazo para alejarlo de mi y una vez que se encontraba a la distancia exacta añadí una patada giratoria a la mandíbula que hizo que rotara sobre si mismo e incara una rodilla en el suelo.
Sacudió su cabeza confundido por el golpe y me miró desafiante y extrañado por la habilidad y sutileza de mis movimientos perfectamente ensayados. Su cara se llenó de ira, se levantó y furioso se lanzó contra mi con todo lo que tenía. Cometió el error de perder el control de sus actos y darme total libertad de golpe, asíque salté hacia él levantando la rodilla duramente que fue a parar contra su cara.

El cuerpo calló al suelo como un saco de harina, parecía sin vida, no obstante sabía que no darían por finalizado el combate hasta asegurarse de la muerte y la verdad es que yo disfrutaba con la muerte de mis enemigos. Asique me acerqué a él sin prisa, puse el pie en su cuello y pisé fuerte girando a la vez un poco el pie. Sono un fuerte crujido y todos se quedaron callados ante tal espantoso final.
Sin embargo, cuando retiré el pie y alzé la mirada, todos gritaron por el espectáculo ya que la mayoría había perdido la apuesta.
Fue una sensación de lo más agradable, sentir el reconocimiento de la gente, ver el temor en sus ojos por mi ejecución, la lucha y el contacto de cada golpe.
Fue el primero, el primer combate en aquel lugar, pero desde luego no iba a ser el último para mi. Había encontrado una diversión, un entrenamiento más real.
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Continua el combate

Mensaje  Invitado el Miér Mar 20, 2013 2:17 am

Jadeante miré a la fervorosa multitud que rodeaba círculo de lucha. Mientras se llevaban el cuerpo sin vida del recien fallecido a mis manos, vi como las apuestas crecían bajo el nombre de Ray Lee.
Me puse en un borde del círculo, pegado a la multitud que gritaba tras de mi. Observaba atentamente a cualquier hueco que se abriera entre la multitud para dejar pasar al siguiente rival. Un nombre retumbó en las paredes de aquel lugar: Steral El Muro.
Un bárbaro de dos metros y musculado a extremos sorprendetes apareció llevándose por delante a quienes estaban contemplando el espectáculo. Se colocó dentor del círculo y dejó caer contra el suelo una pesada maza que hizo que retumbaran las piedras sobre las que se erigía aquel improvisado ring de lucha.
El shizs que presentaba el combate se presentó a mi lado con una tabla de madera en las manos y varias armas en ella.
-Puedess elegir el arma que máss te complazzca- Dijo con la cabeza agachada.
Miré unos segundos el surtido de armas que me presentaba, había de todo un poco, dagas, un martillo cochambroso, una cadena terminada en un afilada hoja y una espada corta de lo más sencilla.
Me decanté por la espada, sabía usar tambien las dagas, pero deduje que sería mejor una espada en caso de protegerme ante la poderosa maza del bárbaro.

Moví la espada en círculos evaluando su peso, movilidad y maniobrabilidad.
El shizs desapareció y me coloqué en posición de combate esperando que él diera el primer golpe. Así fue, alzó su pesada maza con la facilidad con la que se levanta un palo de escoba y lo descargó con todas sus fuerzas sobre mi. A pesar de la efectividad de la trayectoria y la fuerza del golpe, seguía siendo algo rudo y lento, por lo cual no tuve problemas para esquivarlo rodando hacia mi derecha.
No obstante, cuando me incorporé la maza ya se dirigía hacia mi a media altura. Reacioné rápido protegiéndome con la espada, pero la fuerza de tal cañón me golpeó lo justo para lanzarme al suelo.
El bárbaro intentó un pisotón sobre mi pecho, pero desvié su pie con una patada al tobillo y acto seguido lanzé la misma pierna contra su estómago. Giré las piernas por encima de mí alcanzando las del bárbaro que perdió el equilibrio y calló al suelo.
Me incorporé rápidamente, y descargé el filo de mi espada sobre el cuerpo del bárbaro que bloqueó mi ataque con el mango de su maza.
Apartó a un lado mi espada y me golpeó en la cara con el estremo de su arma. La sangré comenzó a brotar de mi mejilla.
La sensación de la cálida sangre por mi piel se adueñó de mi cuerpo, la emoción del combate me inundaba y mi cuerpo parecía disfrutar ante la situación.
No obstante, mi mente seguía concentrada, fija y ordenada. El bárbaro descargó otro golpe con su maza que esquivé echando el cuerpo hacia atrás, tras su maza vino su puño, el cual también esquivé agachándome y viendo el torso desprotegido de mi riva avancé por su lateral con el filo de mi espada cortando su piel.

El bárbaro se giró y se miró la herida, lo miré fíjamente y entrando el cólera se lanzó sobre mi girando el mazo repetidas veces intentnado que en alguna de ellas me diera el macizo metal.
Una de ellas lo logró y me lanzó por el suelo varios metros. Me dolía el costado por el golpe, quizás tenía alguna lesión como consecuencia, pero el combate no había acabado y desde luego yo no iba a parar. Además, el combate es a muerte y yo seguía vivo.
Me levanté, dejé la espada en el suelo y me quité la chaqueta. La arrojé contra el suelo y recogí la espada de nuevo.
Realizé un amago y ataqué con la espada desde arriba para obligarlo a bloquear, el bárbaro calló en mi trampa y ambas armas chocaron dejándonos a los portadores uno enfrente del otro. Miré a Steral a los ojos, navegé por las profundidades de su mente, me introduje hasta lo más profundo de sus pensamientos, hasta tal punto de poder percivir lo que pensaba en el mismo segundo que lo hacía. Es una de las más valiosas habilidades que poseía como Shek y se me había enseñado a emplearla para mi beneficio en el combate.
Parecía que el bárbaro comprendió lo que estaba pasando porque me golpeó en la frente con su cabeza para separarnos.
Una sonrisa malévola se dibujó en mi rostro, ya lo tenía, ya no era mi rival ni mi contrincante, era mi víctima, mi presa e iba a disfrutar jugando con ella y su mente.
Lanzó un golpe de nuevo con la maza, pero yo ya había visto sus intenciones en su mente, asíque no tuve el menor problema en esquivarlo. De nuevo lanzó un puñetazo que pude desviar sin esfuerzo hacia un lateral y empujarlo para apartarlo de mi lado.
Un golpe tras otros yo los esquivaba todos y el bárbaro se desesperaba cada vez más, era como un juego en el cual yo tenía todas las cartas y él solo podía intentar sobrevivir el tiempo que yo le diera de vida hasta que asestara el golpe final.

La maza retumbó en la sala cuando golpeó de nuevo contra el suelo, el bárbaro estaba exausto, el sudor corría por todo su cuerpo y la sangre de la herida manchaba sus vestiduras de las piernas. Yo caminaba junto al borde del círculo disfrutando de la circunstancia, siempre con la mirada fija en los ojos de aquel pobre cadaver moviendose.
Ya había dado espectáculo, ya había demostrado a quienes miraban y a los posibles futuros rivales entre ellos mi poder, mis habilidades y el peligro de mis manos.
En un desesperado intento el bárbaro lanzó su último golpe mortal desplazando la maza en un movimiento diagonal de abajo a arriba. De nuevo, había previsto aquel movimiento, asíque solo tuve que apartarme hacia atrás para esquivarlo, pero esta vez sería la definitiva, acabaría con todo esto y desde luego, de la manera más espectacular, terrible y devastadora que se me ocurría. Al esquivar el movimiento de la maza hice un trajo en la pierna del bárbaro que cedió ante el corte, aprovechando que la espada había dado contra el suelo, la desplacé fieramente en la misma dirección pero hacia arriba cortando el pecho del bárbaro para acabar el combo de golpes echando el brazo hacia atrás y clavando la espada en el estómago del bárbaro hasta la mitad de la hoja.
Los ojos del bárbaro se abrieron como dos soles con la mirada fija en el horizonte y el cuerpo de piedra. La gente gritaba por el final del combate, pero no era el final del todo.
Me separé un paso del cuerpo inmovil del bárbaro, giré la cadera y en un rápido movimiento saqué la espada de su sangrante estómago y realizé un giro de 360 grados sobre mi mismo que acabó con la hoja de la espada en el cuello de Steral El Muro, cortándole la cabeza y terminando definitivamente con su vida.
La cabeza y el cuerpo calleron al suelo y la sangré salpicó a la multitud que enmudeció ante el final tan atroz que acababan de presenciar.
Bajé el arma, la sangre goteaba del filo de la espada, la respiración alterada de mi pecho se fue controlando y mirando sin girar la cabeza a la gente, solté la espada que calló sonando con un estruendo metálico sobre el suelo, recogí mi chaqueta apartada en el suelo y salí del círculo entre la gente que se apartaba a mi paso y me alejé de ellos para descansar.
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