La ciudad de los Celestes «Trabajo»

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La ciudad de los Celestes «Trabajo»

Mensaje  Invitado el Miér Mar 13, 2013 1:49 am

«Vaisel era la ciudad que mas conocía Kerdack del territorio de Celestia, no solo por ser la ciudad mas cercana al norte del desierto de Kash Tar, si no que el ambiente del lugar, así como la variante de razas, lo volvían un lugar cómodo para el Yan; Pero no era ese el motivo por que el muchacho haya hecho esa visita».

«Muchos conocían la ubicación de la cueva del Yan Kerdack, y, aun que realmente no era tan conocido como ladrón, algunos lo buscaban para que les ayudase con esos "trabajos sucios" , eso le agradaba al muchacho ya que con su falta de popularidad, hacer que lo descubran sería mucho más difícil. Una mañana, 4 dias antes de su visita a Vaisel, Kerdack había recibido una carta de un muchacho que desapareció apenas se la entregó, era un joven semi-Yan que conocía bien al ladrón y al que usualmente solo le visitaba para hacer ese tipo de entregas; esta vez su trabajo lo llevaría a tierras Celestes».

«Había quedado, según la carta, en verse con un hombre en una de las calles de Vaisel cuando el segundo sol estuviera ocultándose. Así que, como siempre, Kerdack estaba esperándolo de forma puntual. Cuando el momento llegó, un hombre cuyo rostro no se veía se acercó a él, el Yan clavó su mirada hacia él».

-Eres tu al que llaman Kerdack?- «El Yan asintió» -Toma- «Le extendió una carta» -Allí viene especificado lo que necesito, en una semana te veré aquí de nuevo «Pagó al Yan la mitad, como solía hacerlo, para que el dia de la entrega se le liquidara. El hombre siguió caminando de forma normal y el Yan leyó aquel papel; allí se especificaba lo que necesitaba».


En Haai Sil, está un hombre llamado Elizer, él no es un celeste por lo que te será fácil localizarlo, ese hombre robó algo que es de mi propiedad, se trata de un brazalete engarzado con rocas azules traídas desde lo mas profundo del reino oceánico, sé que ir a robarle a un ladrón no es propio de la gente de Vaisel, pero también me dijeron que eres bueno y sobre todo discreto, cuento contigo para este trabajo

«La carta no venía firmada, por lo que Kerdack dedujo que se trataba de una persona importante en esa región, sin decir nada, guardó la carta en la mochila y se dirigió a Haai Sil de forma inmediata».

«Llegó a la ciudad cuando Erea ya estaba en lo mas alto del cielo, seguido por sus hermanas, los pájaros Haai estaban ya en sus nidos y se veía a algunos celestes descender de los picos, en señal de que le daban una última ronda a los pájaros antes de acostarse a dormir. Kerdack se topó con la mirada de una pequeña celeste que, al verle entornó los ojos ligeramente y se metió a su casa para asomarse por la ventana sin apartar la vista del Yan; Quizá la pequeña se haya dado cuenta que no iba con muy buenas intenciones, pero al mismo tiempo podía sentir que el chico tampoco llevába ira, enojo, sed de venganza o algún aspecto negativo en su corazón».

«Algún celeste se le acercó para darle la bienvenida a la ciudad, varios celestes terminaban de limpiar las calles, con cierta dificultad, el Yan pudo averiguar algo sobre el tal Elizer, era un humano que tenía poco tiempo de haber llegado a vivir a Haai Sil y que había sido muy bueno con todos los lugareños, el Celeste pudo leer una inquieta duda en el corazón del Yan, pero no hizo ningún comentario al respecto. Le ofreció un sitio donde quedarse, ya que, era raro ver a Yan en esas tierras».

-Soloestoydepaso, enrealidadvoycaminoarhyrr- «mintió, no supo si el Celeste le creía y no le interesaba saberlo».

«Esa noche durmió allí y el dia siguiente lo aprovechó para investigar un poco el día del sujeto en cuestión, salió temprano por la mañana, le ayudaba a uno de los celestes a cuidar de los pájaros Haai, tenía una esposa y dos hijos, uno de 5 y otro de 2. Por la tarde, la mujer salió de casa con los niños, quizá a visitar a alguien, quizá solo a pasear, pero lo importante es que esa era su oportunidad. Rápido como el pensamiento, e Yan se coló dentro de la casa para buscar dicho accesorio».

«Había decidido comenzar su búsqueda en la habitación de la mujer, quizá, aquél robo haya sido un regalo. No le fue difícil saber cuál era. Buscó en cajoneras, muebles y joyeros con sinuosidad, acomodando todo de la misma forma en como lo había encontrado al inicio; Los dioses le sonrieron, ya que no pasó mucho antes de tener dicho brazalete entre sus manos».
Spoiler:

«Lo echó a su mochila, y, apenas dió la vuelta para volver, escuchó voces en la planta baja, era la mujer que había llegado a casa. Kerdack entornó los ojos y sintió nervios de pronto, sus latidos se aceleraron al escuchar que ella iba subiendo por las escaleras, su niño lo seguía, iban hablando sobre alguna fiesta a la que asistirían o si era de ellos, el Yan no prestó mucha atención. Echó un rápido vistazo por el filo de la puerta y vió a la mujer subiendo, para su suerte, ella tenía la vista hacia su hijo, para cuando ella la levantó, el Yan se había vuelto a repegar en la pared».

«Escuchó la voz de la mujer hablando con su hijo justo a lado de él; Kerdack volteó instintivamente, tenía a la mujer de espaldas a si, agachada, pareciera que acomodaba algo a su pequeño. El Yan, en silencio, comenzó a caminar de espaldas sin despegar la vista de ella. La mujer se irguió y el Yan se arrojó hacia el piso ayudándose a ocultarse a lado de la cama, lo mas pegado que pudo».

-Es que no puede ir así, que van a pesar tus amiguitos de ti?-
-Hay mami! a ellos ni les importa! como quiera terminamos llenos de caca de Haai-
-no si usas la sombrilla que te regale-
-Eso no es de hombres!!-

«Lo que fueron segundos para la familia, fueron horas para Kerdack; para su suerte, sacaron lo que fueron a buscar y abandonaron la casa nuevamente, entonces fue cuando el Yan pudo volver a respirar; abandonó su escondite y salió con sigilo de aquella casa. Esa noche, el muchacho ya no durmió en la ciudad».

«La semana pasó, habían pasado un par de días desde su regreso a Vaisel y esperó a la hora acordada en el lugar acordado, puntual, aquél extraño hombre se presentó con un saquillo de dinero que dió al Yan cuando recibió su brazalete de regreso. Kerdack no hizo ni una sola pregunta, desapareció de Vaisel para cuando el tercer sol se había ocultado, y se marchó de vuelta a su cueva en Kash Tar.».
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