Soul

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Soul

Mensaje  Invitado el Sáb Nov 03, 2012 5:58 pm


Kyle Evnnor
Your love is my sin

Datos personales



ф Edad:
17

ф Raza:
Mestizo (Humano-Feerico)

ф Sexo:
Hombre

ф Habilidades:
Siempre ha tenido cierto don para la lucha, aunque interiormente detesta las batallas.

Descripción física
Joven cuyo pelo es plateado como si se tratasen hilos de plata. Sus ojos son grises teñida con una leve tonalidad lila, cuyo color se confunde con mucha facilidad con el de su propio cabello. Es alto, de hombros anchos y buena complexión física. Desde su infancia ha sido agraciado físicamente, destacando ambos polos de su naturaleza con un aire angelical pero frío y melancólico. Su tez pálida va acorde y mirada indiferente le otorgan cierto aspecto gélido que no pasa desapercibido.
Tiene un tatuaje, "sello del cazador" tal y como lo llamaba su familia, en el lado izquierdo de su cuello originalmente utilizado para rituales religiosos. Otro pequeño detalle es que lleva tres pendientes de plata en una sola oreja; uno en el cartílago, y otros dos en el lóbulo de la oreja. Tienen el aspecto de pequeños anillos plateados.

Descripción psicológica
Un personaje que inspira temor. Exteriormente suele ser juzgado como una persona frívola a la que no le agrada el habla, que evita la compañía de otros y que por supuesto, no está dispuesto a mover un solo dedo por los demás. Esta "máscara" aparente le resulta verdaderamente útil para aislarse de los demás... puede ser muy cerrado, y a veces difícil de entender o estar cerca, sobre todo porque tiene la costumbre de no expresar sus verdaderos sentimientos.

Interiormente se define como una persona amable pero orgullosa. Es inteligente, pero a veces esta inteligencia es nublada por su orgullo. Ofrece su ayuda a los demás, pero no le agrada recibir ayuda de otros. Alberga un claro disgusto consigo mismo a causa de sus problemas para controlar su sed de sangre. Es un purista en lo relativo con los detalles, dejando bien claro que no se considera hijo adoptivo ni hermano de nadie. Piensa en los feericos como monstruos, y el hecho de él mismo ser un medio feerico le provoca una gran confusión mental.

Él tiene un montón de actitud, no es en absoluto impresionado o controlado fácilmente por la gente, y carga un odio ardiente sobre todas las clases de feerico (sobretodo las pertenecientes a la nobleza). A menudo actúa como si no le importa nada para ocultar todas las cicatrices y dolor de su interior que no tienen a dónde ir.

Historia


Capítulo 1: Lágrimas de Demonio

El olor putrefacto de una palabra surcó el aire, sintió como cada una de ellas en su tortura se hiciera cada vez más insoportable, poco a poco, segundo a segundo se iba grabando como fuego en una polvorienta y maltratada medalla al valor. Todo aquello incluido la verdad era peor que una muerte honorable.

La mirada ausente del joven vagó sin rumbo alrededor de aquel cubículo al que le habían destinado, una y otra vez repasó el diseño. Solo una fugaz mirada otorgaba una clara idea sobre el estado de aquel lugar, incapaz de denominarle habitación. El mal estado que destilaban las paredes, reflejaban cual cristal la violencia de la que habían sido partícipes y testigos, con rastros de sangre surcando los filamentos rocosos con un ardor de furia acompasados en el aire; desdeñoso una pequeña luz artificial servía como falso retrato de aquel sol tan añorado. Tan solo una cama adornaba el lúgubre destino de la habitación y como única “protección” contra tantos extraños que paseaban haciendo guardia frente a su prisión, barrotes rústicos agrietados de una segura proporción al número de prisioneros a los que habían encerrado en su interior.

Se mantuvo quieto acostado en la aquella cama que le servía como un salvoconducto hacia un lugar algo menos horrible, algo menos lúgubre. Apoyó su mano sin gracilidad alguna sobre el suelo, notando el escalofriante frío que lo trasmitía, lo que además de ser incómodo le recordaba de genial forma la humedad que se calaba y hacía doler sus huesos de manera furiosa. Sus ojos pasaron con aburrimiento el pasillo que tenía en frente suya, adornada con lamparillas de estilo clásico, muy baratas seguro, por supuesto nadie se gastaría ni una moneda aquí, y menos con ellos.

Pronto vinieron a recogerle, débil y desatendido no tuvo más remedio que ceder ante las intenciones de sus carceleros, el sonido metálico de un candado surcó y rellenó el silencio ilusorio creado con una clara intención de amargar sus pensamientos, removerle en una continua rutina casi infinita en la que de seguro moriría antes de lo que pensaba. Se apoyó temiendo caerse en los hombros de aquel infame joven que le había visto casi morir una y otra vez, viendo como se debilitaba y como un enemigo cercano, le había vomitado en la cara para hacerle despertar.

Tosió molesto, haciendo caso omiso al hedor del que ya formaba parte. Notó bajo sus pies el suelo irregular, tan similares a las paredes de aquella sala… si es que se le podía llamar así. Arrastró los pies, uno detrás de otro, con paso rezagado intentando amortiguar el caminar ávido del carcelero. Llegó a aquel lugar que recordaba y que atesoraba en el momento de su llegada, más cárceles, más barrotes… la misma roca desgastada y un silencio amortiguado que perforaba su mente era repetido en cada uno de esos pasillos que consiguió atisbar.

Los presos asomaron su rostro entre los barrotes con la tenue esperanza de que su fín se acercase, mas aquel no era su momento… aún así, nunca podría olvidar con detalle sus rostros, de ojos rasgados por la oscuridad, acostumbrados a no ver el sol, su talla esquelética se había convertido en un símbolo de lo que eran ahora. La esclavitud, el maltrato se podía definir con completa claridad en cada rostro, acompañados por un cuerpo que no hacía más que pedir a gritos que parase aquella locura; pero…la locura se había vuelto demasiado ambigua, nadie seguía la cordura a raja tabla, nadie… empezaba a tener dudas de mi propia cordura.

Ascendieron por unos escalones, alcanzando el fin de aquel lúgubre escenario para entrar a otro más agradable a la vista. Otro pasillo se extendió ante sus ojos, deslumbrándose con la luz presente. Una ventana adornaba aquel pasillo, única pero portadora de más luz de la que había visto en semanas. Haciendo esfuerzo, miró a través de ella, maravillándose ante aquella danza de colores que se extendía más allá de lo que era capaz de soportar. No distinguía ningún color, no distinguía figuras, que pena era eso. Fue solo entonces cuando me fijé en el propio cristal, reconociendo mis propias facciones en el. Mi pelo cubierto de suciedad y una eterna grasa caía como mechones por mi rostro, dando un aspecto negruzco antinatural al normal. Poseía unos pómulos desarrollados, decorando unos ojos color plateado inclinándose con muchísima sutileza al lila. Nadie se solía fijar nunca en este último detalle, solo aquellos que son lo suficientemente observadores o meramente inteligentes. A pesar de ello, al igual que al resto de cautivos, el maltrato, mi excesiva delgadez y la suciedad me dejaban irreconocible; no era más que otra víctima, dejé de ser yo y no fui más que otro esclavo.

Pero mirando más allá de lo concebible, esperó y aguantó el último segundo para distinguir algo más allá del pasillo, una vía de escape, una salida a su esclavitud; pero tan pronto como se imaginó escapando, le obligaron a doblar la esquina para continuar su desafortunado destino, marcado por los pasos de un más que apremiante escolta y guía. Se permitió el lujo de observar la estructura recargada del edificio en el que estaba, de aspecto simple y de colores suaves el interior se quedó allí grabado como un mensaje de tranquilidad. No reconocía el edificio y menos desde dentro.

Había multitud puertas de aspecto simple y madera clara, extendiéndose a sus lados. Una pequeña parte de su mente aún cuerda sintió extraña curiosidad por conocer que había más allá de ellas… pero llegaron al final de aquel pasillo alcanzando una puerta metálica. Con movimientos rudos accionaron un mecanismo de la puerta, no entendía la necesidad de su visita, no entendía por qué le habían llevado allí.

La puerta se abrió y un soplo de aire viciado atravesó el alma haciéndole retorcer de dolor, de agonía. Apestaba a muerte en su interior, y más aún se asustó cuando se encontró ante aquel escenario lúgubre. Observó la silla de hierro puro de aspecto desgastado mostrando una sala aún más tenebrosa, acabada por humedad. El dato más impresionante que resaltó a sus ojos fue una bandeja de plata, asustándole al ver lo que reposaba sobre ella; agujas, decenas de ellas y de distintos tamaños, y como broche final un maravilloso bisturí de plata empañado por el tizno rojo carmín característico de la sangre.
-Buenos días, siéntese por favor…-
Fueron las primeras palabras decentes pronunciadas en aquella desgraciada tarde de otoño.

Otros
[left]Defectos: habla muy poco, su aparente seriedad, no es muy difícil enfadarle...

Aficiones: suele juguetear con los mechones de su pelo.

Cosas que odias: los feericos.


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