Ficha de Lena (Edita)

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Ficha de Lena (Edita)

Mensaje  Invitado el Dom Ene 29, 2012 12:16 am

Bueno, que aquí dejo la ficha ya editada, esta bastante cambiada pero y e rehecho la historia ya que la antigua me parecía escueta e insustancial


NOMBRE : Elenara (Lena para los amigos)

RAZA: Dragón(Hibrida Dragón-Humano)

EDAD: 18

SEXO: Mujer

DESCRIPCIÓN FÍSICA: Elenara es muy alta alzando el 1´80 en su forma humana. Su pelo, de color negro carbón, es largo y muy brillante, al igual que sus escamas, y le llega por debajo de la cintura. Al contrario que su pelo oscuro, su piel es blanca y pálida como la luna
De expresión afilada tiene los ojos grandes y expresivos, de color verde esmeralda con matices azules. De complexión atlética, la sombra de sus músculos se dibuja debajo de su piel ligeramente, lo que le da a su cuerpo un aire de fuerza y robustez pese a que es delgada. Tiene las piernas largas y fuertes y aunque no carece de “curvas femeninas” no tiene un busto exuberante.
Viste la mayor parte del tiempo un vestido. (OFF:Descripción en la foto >.
Spoiler:
Descripción Física de su forma de Dragón:
Como dragona Lena tiene las escamas negras como el carbón, al igual que su pelo humano, y conserva el mismo color de ojos. Con un cuerpo mucho mas musculoso y fuerte que su recipiente humano.
FOTO: http://illiweb.com/fa/pbucket.gif
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DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA: Lena es una persona un tanto sería. A los ojos de los humanos un tanto huraña ya que, aunque esta acostumbrada al trato de los humanos, no le agrada demasiado el trato con desconocidos. Le cuesta no dejarse llevar por las primeras impresiones. Mentalmente es una persona fuerte y no le gusta expresar sus sentimientos, además de que es muy torpe cuando lo intenta, cosa que le avergüenza. Es una persona un poco fría en apariencia pero por dentro es una chica leal y honrada. Su sinceridad es aplastante, y ya sea con sátira o con sorna no es capaz de reprimir sus pensamientos, aunque intenta decir las cosas con delicadeza la mayoría de las veces no le sale ya que es más de actuar que de pensar puesto que su naturaleza le empuja al instinto y no al razonamiento. Pesé a esto esconde una persona con una curiosidad sin límites y con ganas de aprender. No tiene vergüenza, ninguna.

HABILIDADES: Como maestra de armas domina la espada y el arco, aunque prefiere la lucha cuerpo a cuerpo. Es bastante resistente y sus sentidos están más desarrollados que los de un humano.

DEFECTOS: Uno de sus mayores defectos y de sus mejores virtudes es su sinceridad sin tapujos. Es cabezota y terca como una mula. En ciertas ocasiones es muy orgullosa y un tanto cruel, impaciente y un poco impertinente pierde los nervios con facilidad. Cuando su instinto animal la domina deja a un lado su parte humana y se transforma en el animal salvaje y sin moralidad humana que se esconde bajo “la piel de cordero”. No le gusta acatar órdenes, no por ello sabe cuando tiene que obedecer y cuando no, aunque es traviesa y a veces le gusta gastar bromas muy pesadas. No se fía de los humanos .

AFICIONES: Muy aficionada a la lectura, lleva consigo siempre algún libro. Al igual es aficionada a la buena música y sabe tocar la flauta travesera y goza de una bonita voz. Aprecia la naturaleza en estado puro y los paisajes hermosos. Los lugares cálidos y veraniegos son sus favoritos. Adora las alturas y sobrevolar los cielos por la noche, cuando sus escamas se funden con el color del cielo y se vuelve invisible. Le gusta el fuego y los alimentos calientes. Se baña con agua muy caliente.

COSAS QUE ODIAS: Odia a los sheks, por encima de todo, de todos y de todas las cosas de la naturaleza, como dragona que es no puede olvidar ese odio natural que siente ante estos seres. También odia los lugares fríos y por ende procura visitarlos tan poco como le es posible. Tampoco le agrada el invierno ni la lluvia ni las cosas frías.

PASADO:
Spoiler:
Fue lo primero que vio cuando salió del cascarón, no vio a su madre, la dragona azul cobalto que le había engendrado y protegido durante su tiempo de incubación, ni el fuego que yacía junto a sus hermanos aún sin eclosionar. Quizás por eso su piel humana terminaría siendo tan pálida como aquella luna que brillaba intensamente bajó un cielo negro, como el porvenir oscuro que se dibujaba en el horizonte de aquella dragona recién nacida.

Su madre la llamaba Gralatara. Y fue la primera en aprender las normas de la naturaleza, no siempre por las buenas. Viva y despierta la dragona se aburría en las largas horas de espera ya que mientras sus hermanos dormían como borregos esperando el delicioso sustento que traía su madre Gralatara se sentaba junto a la boca de la cueva donde nació y observaba hasta donde sus ojos verdes alcanzaban a ver. Sin saberlo, anhelaba el momento de sentir la brisa contra sus escamas, de exhalar fuego desde lo más hondo de su garganta, de ser tan grande y majestuosa como lo era su madre, pero por encima de todo anhelaba descubrir que había mas allá de lo que sus ojos verdes alcanzaban a ver. Con apenas un par de meses no podía intuir que aquello que quería hacer terminaría haciéndolo a la fuerza, si quería seguir viviendo.

Habían pasado unos seis meses desde que saliera del cascarón. Tanto ella como sus hermanos habían crecido, y Gralatara, que hacía poco había aprendido a volar, se pasaba los días planeando débilmente sobre las montañas más bajas de las llanuras cuando lo notó. Las piedrecillas comenzaron a saltar a la par que el suelo temblaba con violenta fuerza.

Su suerte y su desgracia fue estar en las montañas. Cuando la tierra dejó de moverse asustada regresó a la cueva. Era demasiado tarde. Araño y lanzó la tierra, llamó a sus hermanos y agito sus alas con fuerza. La cueva se había derrumbado, con toda su familia dentro. Lloró su muerte hasta olvidar el paso del tiempo algunas veces el sol le iluminaba y otras la luna le lanzaba sus rayos intentando consolarle. Cuando las lágrimas dejaron de brotar se alejó, pasarían años para que regresar a las cuevas de Awinor no le trajera el recuerdo de la sangre de sus hermanos entre las piedras.

Así pues se alejó hacía el norte. El sol del desierto abrasaba su piel y su marcha se hacía lenta y dolorosa.
Aquel día pensó que sería el último de su vida. Su cuerpo estaba débil, muy débil, bajo la sombra de un árbol. Tenía los ojos cerrados y notaba el sol filtrado por las hojas verdes. Sabía por los aún dolorosos recuerdos de su madre que se encontraba en algún lugar cerca del mar de Raden, aunque más al norte puesto que se encontraba en una zona boscosa, pero claro, más allá de Awinor todo era desconocido para Gralatara. La brisa que soplaba era agradable. Le dolía todo el cuerpo y sabía por experiencia que su torpeza para encontrar alimento le iba a costar la muerte y es que desde que se había desmayado cerca de la torre humana de Awinor había viajado sin descanso. Su fino oído percibía el sonido del agua a lo lejos, el cauce del rió, pero su cuerpo estaba demasiado dolorido como para moverse a causa de lo que había supuesto un viaje sin descanso para huir de su dolor. Su embotada cabeza le trajó recuerdos felices, imágenes hermosas de Awinor y de su familia, preparándose para lo peor y aceptando la muerte con la naturalidad que tiene el instinto animal. Ya no se sentía poderosa, ni elegante, incluso cuando había posado junto aquel arbolillo le había parecido demasiado grande, ya no se sentía como un dragón y es que cuando llega la hora de recibir la muerte, da igual cual sea el recipiente tu alma.

La sensación que tenía le recordaba a aquel mortífero terremoto pero a una escala muy inferior, un suave y continuo temblor. Abrió los ojos y descubrió que se encontraba en una especie de tela, del color de la arena acariciada por la marea y que estaba tendida sobre un suelo, frío como la piedra, pero de un tacto rugoso que le era familiar. Se sentía tan pequeña y tan torpe como el día en que nació.

-¡Se ha despertado! –Un ruido chillón rompió el silencio. Se arrastró por el suelo, algo que no supo identificar, de tacto suave y ligero. Se arrastró hasta el un rincón, y vio que era aquella cosa que había hecho aquel sonido desconocido. Apretada contra aquella pared, que para su sorpresa era blanda y suave y se sujetaba gracias a aquella especie de suelo marrón como los troncos que usaban para hacer fuego. El temblor había cesado bruscamente y escuchó algo fuera de la cueva pero Gralatara estaba ocupada gruñendo al ser que le miraba extrañado. Era más pequeño, de color lechoso y aunque reconocía ojos, boca sabía que aquello no era un dragón. Y al fin lo reconoció.

Aquello debía ser un humano, una cría sin duda, pero según su madre incluso los adultos eran diminutos. A la puerta de la cueva se asomo un rostro.
-Tapate chiquilla, que hace frió –Tampoco entendió lo que debía ser el idioma humano, y es que aunque su madre si lo conocía no le había dado tiempo a enseñárselo.

Estaba temblando y sin darse cuenta ordenó mentalmente a sus alas que cubrieran su torso. No notó nada sobre sus escamas negras y buscó con su garras en su espalda. Notó algo suave enredándose contra los dedos, pero no sus alas. Se miró sus garras. No la tenía. Una superficie pálida había ocupado el lugar de sus escamas brillantes y negras. Se miró el torso. No era un dragón.

Aquellos humanos se llaman Samuel y Asard, aunque eso lo aprendió con el tiempo. Sus dos salvadores le habían encontrado de aquella forma, cual humana, muy debíl y la habían subido a lo que después descubriría que se llamaba carro. Estaba demasiado débil para intentar escapar, y cuando llegaron al hogar Asard, padre de Samuel descubrió que con aquel cuerpo de patas traseras tan largas y tan extraño no sabía caminar.

Así pasaron los respectivos dieciséis años de su vida. Cuando la habían encontrado su cuerpo aparentaba el de una niña de unos seis años, y es que la maduración de un dragón es más rápida que la de un humano y por mucho que su cuerpo se hubiera formado de otra manera, sus raíces y su mentalidad seguía siendo la de un dragón, aunque no de manera abierta. De puertas para fuera era la huérfana sin memoria de Asard el sastres a la cual llamaron Elenara y para sí misma era Gralatara, hija de Odra. Aprendió a dominar sus dos cuerpos, y a intercambiarlos, y descubrió que cuando se encontraba débil de salud le era más difícil mantener el gran cuerpo de la dragona que aunque robusto y para ella el mejor, era menos llevadero y cómodo que el cuerpo humano.

En sus dieciséis primaveras, su cerebro de humano que pensaba como un dragón, dedujo que Samuel, su hemanastro , quería mantener procrear con ella. Era cierto que había cogido cariño a aquella familia de humanos que la habían criado como tal y le habían enseñado todo aquello que su madre no pudo hacer, en la medida humanamente posible, ya que su instinto para la caza había resultado mucho mejor que el de cualquier humano de aquel lugar. Lo único que le motivaba a seguir era un objeto maravilloso, lleno de toda aquella sabiduría milenaria que un dragón puede aprender para toda la vida pero que solo un humano puede guardar en una estantería, los libros, su afán por aprender y descubrir tenía límites inhumanos.
Fue en ese tiempo cuando sintió por primera vez ese odio irracional. Su familia la había dejado absorta en la literatura cuando llamarón a la puerta. Su cuerpo se movió como un resorte y se dirigió a esta cuando un mal presentimiento le inundó el cuerpo. Agarró una larga daga y se la escondió en la espalda.
-Somos los nuevos vecinos –Una sonrisa se dibujo en el rostro de la afable mujer que había en la puerta. –Mi pequeña necesita ir al baño…¿podrías?...

Asintió sin pensar demasiado, puesto que su mente solo pedía matar aquel ser que le producía tanto odio, su sed mas animal se removía en su interior amenazando con sacar el dragón de su interior. La niña paso tímidamente y Elenara hizo un sobreesfuerzo para señalarle la dirección correcta. Era aquella niñita de ojos oscuros, sin ninguna duda.

Era de noche cuando trepó por la ventana de la casa de sus vecinos. Daga en mano se acercó a la cama de la niña que dormía suavemente, indefensa, sin la menor idea de que podía ser atacada en cualquier momento. Casi parecía que estaba muerta, “eso puedo arreglarlo yo” , ese fue su último pensamiento coherente. Aquella noche observó sin vacilar como los restos de aquel shecks ardían en las llamas de su hogar, mientras ella tarareaba una canción y limpiaba su cuchillo de sangre.

Pasaron solo un par de meses, lo justo para que no fuera sospechoso, cuando decidió que en aquel lugar ya no le quedaba nada que hacer. Así pues partió a las ciudades humanas, descubriendo que le apenaba alejarse de aquellos que le habían salvado. Así pues llegó a Nurgon donde desarrollo sus dotes de luchadora, primero formo parte de la orden de Nurgon y poco tardo en ganarse su puesto como “Maestra de armas”. Así Elenara la humana y Gralatara la dragona, una misma mente con dos cuerpos muy distintos buscan la verdad sobre una hibridación que poco tiene que ver con el libre albedrío de la naturaleza de Idhún.




Off: Hace mucho tiempo que llevo registrada –w-u perdón por haber estado inactiva tanto tiempo y yo apenas me acuerdo ya de cuando me leí memorias de Idhún así que intentaré hacerlo lo mejor que pueda. No se si todas mis posesiones y mis títulos, como ser maestras de armas siguen vigente, espero que si ya que los he incluido en la historia.
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Re: Ficha de Lena (Edita)

Mensaje  Sagan el Mar Ene 31, 2012 8:50 pm

Editado y movido! =)



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Sagan
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